Alguien toca la puerta del microbús. No se le ve, pero todos le escuchan. La cobradora está recolectando los pasajes de quienes se encuentran detrás. Su hijo -un niño de 4, 5, 6, 7 años- se para inmediatamente y le pregunta “¿abro?”. Alguien vuelve a tocar la puerta. La madre responde “sí, jala”. El niño se dirige a la puerta, se empina, jala una cadena de metal y la puerta se abre.
El niño se hace a un lado e ingresa el hombre que tocaba la puerta y deja al descubierto su media calvicie: “¿Constructores?”, pregunta mientras sigue parado al medio del microbús. La cobradora, que sigue al fondo, grita “sí”. El niño, que en parte está siendo ocultado por la camiseta celeste del hombre, pregunta a su madre en una voz que sería difícil de entender incluso en un estudio de música: “¿Constructores?”.
Silencio. El señor avanza, encuentra un asiento, se sienta; la madre sigue trabajando; el niño tiene que cerrar la puerta.
Sí. En silencio, pues nadie va a contestarle la pregunta, el niño cierra la puerta.

30/01/2011 a las 8:13 PM |
Y si decia “caminos del inca” seguro se exaltaba!
11/02/2011 a las 9:25 PM |
Jajaja muy terrible como siempre usted